Anotó el gol más rápido de los Mundiales, tuvo que huir de su país y hoy conduce un taxi de aplicativo

Habían pasado apenas 10 segundos del pitazo inicial cuando, como buen ‘9’, encontró en el área una pelota que, a dos microsegundos de llegar a los 11, introdujo en el arco rival. Ese día, 29 de junio de 2002, Hakan Sukur tenía 31 años. Ese día, peleando por el tercer lugar del Mundial, Hakan Sukur hizo historia. 

El delantero turco anotó el gol más rápido de todos los Mundiales: 10.8 segundos tardó en abrir la cuenta. No imaginaba, mientras celebraba en el estadio de Daegu, que algunos años después tendría que huir del país cuyos colores defendió 112 veces, siendo superado solamente por el arquero Rustu Reçber. 

Ni eso, ni obtener la medalla de bronce en Corea Japón 2002, ni ser el máximo goleador histórico de la selección turca (51 tantos) lo libró de tener que armar las maletas y dejar su natal Turquía para comenzar -aunque suene cliché- de cero, inaugurando un café, vendiendo libros y conduciendo un taxi de aplicación. 

Punto de quiebre

En 2011, tres años después de su retiro, cambió el fútbol por la política e ingresó al Parlamento turco por AKP, partido de Erdogan, entonces primer ministro y actual presidente. De hecho, cuando ocupó el cargo más importante, en agosto de 2014, Sukur renunció por supuestos escándalos de corrupción. Y la enemistad empezó. 

Para evitar represalias, se vio obligado a viajar a Estados Unidos. Sin embargo, lejos de alejarse de los problemas, estos lo persiguieron. En 2016, el gobierno lo acusó de organizar un intento de golpe de estado -que solo quedó en intento- junto al opositor Fethullah Gülen. Luego, un insulto a Erdogan en la cuenta de Twitter del exfutbolista le ocasionaría una orden de arresto, por lo que no puede siquiera asomar por Turquía. 

Su padre fue detenido (aunque lo liberaron por padecer cáncer) y le congelaron los activos, por lo que no puede hacer uso de sus bienes. Así, a la mala, quien fue héroe en su país tuvo que probar suerte en Estados Unidos. Empezó en California, creando una cafetería que, además de tener poco éxito, tuvo que cerrar por represalias: un visitante se tomó foto con él y, al regresar a Turquía, fue encarcelado.

Su presente

A sus 48 años, Hakan Sukur no puede volver a casa. Se ha encargado de denunciar una persecución política por parte del presidente, Receo Tayyip Erdogan, y no tiene más opción que ingeniárselas para sobrevivir. Por ahora, vende libros y conduce un taxi de aplicativo en Washington, Estados Unidos. 

“Estoy empezando a trabajar ahora. No me queda nada en ninguna parte del mundo. Erdogan me quitó todo: mi derecho a la libertad, el derecho a explicarme, a expresarme, el derecho al trabajo”, dijo en una entrevista al diario alemán Welt am Sonntag. Sus estadísticas y logros están escritos en la historia del fútbol turco, pero, por ahora -y esperemos que solo por ahora-, es un refugiado político más.

Este fue el gol que anotó en Corea-Japón 2002 a los 11 segundos: 

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